viernes, 4 de noviembre de 2011

LOS NIÑOS DE KERRGALLO . Viaje a la laguna (Reedición porque ya llega el momento...)

La laguna de Berending, en donde dicen que antaño abundaban los cocodrilos, está tan solo a unos pocos kilómetros de la Granja. Viajar para encontrarse con el agua dulce que brota de la tierra siempre tiene algo de iniciático.

Al comienzo el camino sorprende por su aridez, la que por contraste se nos revela al abandonar la comodidad del entorno conocido que acoge nuestro paso por aquí. Por eso cuesta un poco empezar, y por ello son los iniciales largos tramos del viaje los más pesados: está todavía al alcance de la mano retomar el camino de vuelta para encontrarnos de nuevo en la comodidad abandonada. El ansiado frescor y el misterio que encierran las aguas nos espolea a seguir adelante.




No dejo de pensar en el destino trágico que nos envuelve, que nos cerca. Mientras la mayoría baila bajo los compases de la orquesta, afuera , en cubierta, el frío glacial arropa una noche plagada de fantasmas blancos , moles amenazantes en rumbo de colisión que hacen cada vez más quimérico que el próximo gatillazo pinche en hueco. Ese viaje no lo hemos decidido conscientemente ninguno de nosotros. O tal vez sí y se sellara la ruta cuando aceptamos que se sellaran nuestros corazones mientras nos entretenían con los compases del baile y las lucecitas que embellecían el pasaje, como bandeja reluciente y atractiva para distraer la inmundicia de alimento que nos servían. Un trayecto hacia el abismo exterior. Un camino perdido dentro de nosotros mismos que nos vomita hacia a esta derrota.




Ciertamente que una vez quemadas las naves, convencidos de que no volveremos atrás hasta llegar a destino, la cosa cambia. Tan solo nos impulsa la promesa cierta del encuentro. Dicen que antes los cocodrilos que habitaban la laguna se dejaban acariciar, pero de aquello debe hacer ya mucho tiempo. Tampoco me lo creo mucho, los cocodrilos no están hechos para jugar con nosotros al mus, ni los lobos para bailar con ellos, ni es recomendable dormir con tiburones. Después pasa lo que pasa, que quitados los disfraces, puestas las verdaderas agendas al descubierto, los cocodrilos , los lobos y los tiburones son lo que son y nosotros lo que éramos, carne de cañón, forraje para las bestias, máquinas productoras y terminales consumistas, mientras nuestra alma cruje y clama por sí misma.

Son los brotes de vida lo que nuestros ojos buscan entre la desolación , como signos de esperanza.

Podría ser todo mentira, inexistente realidad, quimera de nuestros deseos. Pero otros llegaron a ella antes, y les creemos.



Algo me dice que la catástrofe a la que nos abocan necesitó antes de nuestra claudicación interior. No habría sido posible si previamente los hombres no hubiéramos perdido la batalla interior. No son los ojos los que están ciegos, sino los corazones. Y esa ceguera nos impide ver ahora lo que se abate sobre nosotros. Fuimos engañados, sí, pero dejamos que lo hicieran. Fue ya hace tanto tiempo que empezamos a desviarnos en el camino exterior que desolados pensamos que nos hemos quedado sin alternativa, cuando el verdadero cruce de vías está más cerca de nosotros que nuestra propia vena yugular.


Cuando el Hombre Arrojado con los restos del naufragio en la playa que deberá alcanzar se siente sobre su cadáver y contemple pasmado el horizonte sobre el que se enseñorea serena la inmensidad bella del mar y la majestuosidad inconmensurable del cielo, sin rastro alguno de aquello que construyó y sobre lo que se instaló invencible y soberbio mientras surcaba la existencia vuelto tan solo hacia sí mismo, ebrio en su melodía y se pregunte cómo pudo haber sucedido, necesitaremos del recuerdo de lo que abandonamos, de lo que fuimos tirando por la borda alegremente mientras creíamos navegar hacia un futuro siempre brillante.





A medida que avanzamos aparece, el agua. Ciertamente que el testimonio era en sí una promesa. Hay algunos animales bebiendo en el riachuelo, ganado que necesita esa porción de sal, mezcla de la que penetra desde el océano e inunda las marismas donde crecen los manglares , y sobre la que se derrama el agua dulce de la laguna. Tan solo los humanos somos capaces de olvidar lo que nuestra naturaleza necesita realmente. La vaca solo beberá la cantidad de agua salada suficiente, evitando enfermar o morir.



La noche se ha vuelto negra, y a pesar de todo prefiero el frío y la soledad de la cubierta, salpicada intermitentemente de otras sombras en vela. Vigías de la undécima hora Prefiero el anticipado y esclarecedor sufrimiento que me mantiene alerta. Los compases del baile me suenan a funeral mientras la campana que marca las horas toca a muerto, desgranado la cuenta atrás.

Apoyado sobre la reluciente baranda de teca que contrastaba con el inmaculado blanco de la estructura de hierro que la sostenía, el hombre mantenía fija su mirada en la dirección que marcaba la proa inmensa del bajel que amortajaba al pasaje mientras tajaba el aire y hendía las aguas por las que no hubiera debido jamás haberse aventurado. Sordo, ciego y entretenido con la música que escupían las terminales del sistema de megafonía



Poco a poco el horizonte se puebla de verde, y el camino nos adentra cada vez más en un vergel anárquico , selvático. Hemos abandonado el pleno sol sobre el camino para sumergir nuestros pasos cada vez más ligeros en una sombra reconfortante. El escenario desplegado testimonia cada vez más intensamente la fuerza que lo provoca y lo sostiene. Sin duda debe de estar cerca. La vida es inseparable del agua. Todo proviene de ella y tan solo ella es capaz de devolver el pálpito a la tierra muerta.

De la tierra se yerguen los matorrales y los tamarindos, las palmeras y las caobas, hendidas por el camino de cálida arena, abren al viajero una puerta umbría que acoge los esfuerzos de la caminata y que invitan al descanso. Ahora sí, ahora la laguna se presiente, los pájaros trinan y se enseñorean como alborozados habitantes del paraíso.



Será duro el despertar. Y una vez más , antes de que el hombre confuso tenga tiempo de reflexionar y entender lo sucedido, usando el miedo y la incertidumbre nos pergeñarán un nuevo escenario más esclavizador todavía. No querían guías tras haber alcanzado la cúspide de su misma mismidad. Como ganado disperso sin dirección balarán por un pastor y el lobo escuchará su lamento.


Me pregunto que será de estos niños cuando el arroz trepe a precios inalcanzables. Me pregunto por los desheredados del mundo que no han tenido que ver nada en esta historia y en este cruel desenlace.


Noviembre negro de presagios, habrá de rasgar el disfraz de los dementes que conducen este bajel al abismo, entonces comprobarás con horror que ellos estaban ahí por delegación, y siempre podrás decir que tú no eras uno de ellos.






Por fin el horizonte se abre entre el follaje, y ahí está: la laguna, con su superficie calma y sus hipnóticas  profundidades, que pueblan de preguntas nuestro espíritu, ansiosos de beber hasta el infinito, conscientes que solo algo exterior a nosotros podría hacer que fuera así. Nos seduce  el vértigo de derramarse sobre las aguas y perderse en el fondo.

 





Y mientras el reposo y la complacencia por el esfuerzo y su recompensa nos empapa de quietud, contemplando el dedo que al sol señala, comprendemos que más allá de la perfecta manifestación se encuentra la fuente que lo origina. La laguna tan solo revela la existencia de la fuente de la que procede, y ese es el verdadero destino al que quiero sucumbir.

Tendido sobre la hierba , cierro los ojos y clamo desde el fondo de mi corazón, que deseo ser pez de esta laguna para subir corriente arriba, cada vez más cercado del agua fresca que habría de llevarme al principio para desaparecer en él.


                                                        *


En este mes de nubarrones y presagios, las cartas están echadas , se aprestan a desencadenar la Madre de todas las Guerras y tan solo un milagro, uno más una vez más, podría alargar esta agonía preñada de esperanza que ensombrece el destino de la humanidad.




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