jueves, 3 de junio de 2010

LOS NIÑOS DE KERRGALLO (LXVIII). Los zapatones de "Seini" y los banqueros globales.



Desde el primer día que los conocí, él fue un niño que me llamó la atención. No podía ser de otra manera. Su rostro , su expresión y en especial su manera de mirar tenían un poder de atracción enorme. Su cara dulce y su mirada melancólica y bondadosa transmitían la sensación del desamparo. Callado , observaba siempre desde un discreto segundo plano, y cuando me dirigía a él o le dedicaba un gesto especial, bajaba la mirada y desviaba el rostro con un aire de indubitable timidez.

Desde esa cierta distancia, Hussein, observa siempre . Su escorzo es peculiar. Dejando caer el peso de su cuerpecillo sobre uno de sus pies,  cruza los brazos sobre un torso ligeramente echado hacia atrás mientras desde su reducida altura y con el rostro algo inclinado parece estar siempre interrogándote con la mirada en un dulce desafío, en una eterna espera de una respuesta a una pregunta jamás formulada . No habla nunca y cuando se le pregunta algo, no más que un hilillo de voz siempre imperceptible sale de su garganta estilizada mientras baja la mirada. Hay que aproximar el oído a su rostro para adivinar sus palabras.



Sus ojillos rasgados dejan tan solo asomar unas pupilas hechas medias lunas que le dan ese aire de melancolía en el mirar tan peculiar que borda con su media sonrisa, incapaz, no obstante y a pesar de ella, de borrar la impresión de su mirada.

Como muchos otros niños africanos  su cuerpecillo de desnutrido crónico de 12 años, es poco menos que unos palillos que sujetan un rostro. Un rostro hecho mirada, una mirada hecha pregunta.

Todos lo niños son especiales, pero Hussein sorprende por su manera de llevar sus harapos. He llegado a la conclusión que no es fortuito y que tiene su “propia manera “ de vestir. Parece consciente de la levedad de su ser, no solo de su físico, y parece que  quisiera con sus grandes camisetas hecha jirones hacerlo evidente para que su silencio no lo diluya en la inexistencia.. Lastrarlo, no fuera a ser que cualquier día se evapore de esta mierda de mundo en un sin saber cómo, de la misma manera que un día tal vez se preguntara cómo y qué viento le arrancó de su casa para depositarlo en aquella explanada.



Suele llevar ropas que corresponden a niños más mayores que él y por eso y por otras cosas más siempre me recuerda al más jovencito y pequeñín de los siete enanitos, a quien la túnica se le derramaba por todas partes. Su carita bondadosa y sus orejillas bien pronunciadas y desplegadas al viento, hacen inevitable su recuerdo. ¿Se llamaba “Mudito” o “Tontín”?

Desde luego Husseini, “Seini” le llaman los chavales, de tontín no tiene un pelo. Desde que han comenzado las clases de español es de los más atentos y aplicados. Y me sorprendió tremendamente su buenísima escritura reproduciendo las letras y las primeras palabras que están aprendiendo en español. Ciertamente es un chalavín inteligente y enigmático. Ese enigma que encierra su mirada, ese rostro estilizado, como sus ojos, esa media sonrisa y la manera de plantarse mientras te mira harían estragos en una sociedad de la imagen y la impresionabilidad.

No sé qué clama desde su silencio, pero su clamor ensordece. Tan solo un día, cuando ya había creado algo más de confianza en mi acercamiento a esos niños, les fui preguntando de donde venían y cuantas veces veían a sus familias al año. Al llegar a él me sorprendió la crueldad de su situación: él no venía de Senegal ni de Guinea, sino de Serrekunda, de la otra parte del río Gambia, a escasos 20 kilómetros. Llevaba un año en la Escuela y cuando le pregunté cuantas veces le habían venido a visitar sus padres, me dijo que una...Bueno, en realidad habrían de ser los niños que con él estaban los que magnificaran aquel hilillo de voz por el que debió derramarse la respuesta caminito de la arena de la explanada mientras con su mirada la veía descender.

Ciertamente que en la comprensión profunda de esta sociedad acaba uno topándose con el desamor más a menudo de lo quisiera. Sería más fácil reducirlo todo a los avatares históricos que engrosan las responsabilidades de ese Occidente depredador, corrupto y corruptor, e inmisericorde. Sería más fácil buscar definitivamente un culpable sin opción a pliego de descargo al que encajarle a gusto todos los golpes y marcar indefectiblemente una gruesa línea que separe sin mezcla a los verdugos y a las víctimas . Los buenos y los malos.

Debo confesar que la fragilidad, la tristeza y la dulzura que desprendía su figura entera despertó en mí desde el primer momento una simpatía profunda, que me guardaba mucho de manifestar de manera diferente que la dirigida hacia otros niños.

Fue una de esas primeras veces, que al disponerme a marchar y antes de que arrancara el motor del Patrol, “Seini” se salió de la maraña de niños en la que le gusta camuflarse y posando sus pequeñas manos en el quicio de la ventanilla enmarcó en ellas su rostro hecho pregunta .



Tiempo ha que supe que había que pasar a la otra parte del espejo, lejos de la unilateral conmiseración y la ñoñería para contemplar calidoscópicamente el océano, el naufrago y la tabla.

Muchas cosas han cambiado en la Explanada , pero hay una entre ellas que me dice que hemos perforado la roca , para pinchar la mar interior desde donde brota el agua clara a borbotones. Y es que la sonrisa ya pinta su cara cada día.



Seini sonríe. Desde hace unas semanas , sonríe a menudo. Pero debe seguir pensando que cualquier día su fragilidad se la llevará el viento. Por eso, ayer se calzó las zapatillas del 45 que usa el albañil cuando de vez en cuando le hecha unos metros cuadrados al enlucido de la escuela. Y devolvía sonrisas a los niños que se partían de verle hecho un payaso con su nuevo calzado y unos nuevos harapos que no se en donde demonios los habría encontrado.


Debo confesar que a mí me han tranquilizado mucho nuevos sus zapatones .Seguro que anclando sus canillas en esas plataformas cuando lleguen los vientos huracanados que anuncian agua, ellos no se llevarán, otra vez y a no sabemos dónde, a mi más mejor amigo. Hussein



Al volver a la Granja, mientras pensaba en los zapatos nuevos de mi amigo vi que el cielo se pintaba del color de la papaya . Mañana te saco en los papeles, Hussein, pensé.  Y mi hijo  subido  en el techo del Patrol me facilitaba una bonita foto para este cuento que acaba como solo los niños pueden concebir que acaben los cuentos, bien. 

 
*


Pero..........
¿Sabes Seini? un día te explicaré a quien hay que darle una buena patada en las criadillas con esos zapatos tan chulos. ¿Te imaginas? ¿ah, qué no sabes qué son las criadillas ? los huevos, chavalín, son los huevecillos. Un día te explicaré como unos señores en 1980, hicieron que  las tasas de interés internacionales aumentaran a un 20.  Y como con un interés de un 20 capitalizado anualmente, 100 dólares se duplicaban en menos de 4 años; y en 20 años, se conviertían en  3.834,66 dólares. 

 

Esos señores, los banqueros globales, presionaron entonces  a los países como el tuyo para que redujeran los gastos que hacían en sus pueblos, "los gastos sociales" les llamaban, para que los intereses de esa cosa tan fea de la deuda se pudiera pagar. Un día te explicaré qué tiene que ver el interés compuesto con el hecho de que tus padres te enviaran con Yuma, porque él enseñaba sin cobrar y además te daba de comer. Por éso sobre todo,  tus papás te enviaron a aquí. Un día lo entenderás Seini, lo entenderás...

Pero esa es otra historia , Hussein, otra puta historia. Tú guarda esos zapatones, chaval, que son muy guays.


3 comentarios:

Covadonga dijo...

Pues si, si que me gusta especialmente esto que nos cuentas aquí ¿por qué? pues ni idea..quedo pensando en ello.
UN ABRAZO GUSTAVO :-)

gnomo ceñudo dijo...

jajajaja como se te va la olla... pero me encanta... hussein es un crack... he recordado muchos momentos de cuando saludaba, jugaba... me llamaba dawda con esa vocecilla suya... "seine el zapatones"... viva hussein... me c... en los banqueros, en hacienda y en los corruptos... jajaja

Anónimo dijo...

Besos desde Dosrius.

Marc Mili Marta y Gabi